A principio de diciembre muchos empezamos a pensar en los menús que ofreceremos a nuestros invitados en las fiestas de Navidad, sobre todo en lo referente a comida, relegando casi siempre la bebida a un segundo plano.

Desde aquí os invitamos a adentraros en el maridaje de alimentos y bebidas alcohólicas, que no es nada más que encontrar aquel vino o espumoso que por sus características realcen el sabor de la comida y cuya combinación resulte una experiencia para nuestros paladares.

Recibe a tus invitados con vino

La costumbre española es recibir a nuestros invitados con un aperitivo abundante, muchas veces contundente. Pero los familiares o los amigos o no llegan a la vez o se han puesto de acuerdo y llegan todos de golpe. Si te encuentras con el primer caso, que llegan de forma escalonada, es adecuado ofrecerles una copa de bienvenida y esperar así a estar todos reunidos para pasar a la mesa con el aperitivo.

Para esa copa que les entretendrá, tus opciones son infinitas. La más novedosa: cervezas artesanas. La oferta es inmensa y si te provees de diferentes tipos, su degustación seguro que dará lugar a una conversación entretenida comparándolas.

Otra opción más clásica es un kirsch royal o una copa de cava con unos golpes de crema de casis. Y como alternativa es ofrecerles un cóctel, siempre seco y en trago corto, aunque aconsejamos que no tenga una graduación alcohólica alta. Se trata de preparar a nuestros invitados para la experiencia gastronómica que les vamos a ofrecer.

Comienza el aperitivo

Bien, ya han llegado todos y empieza el aperitivo. Por lo general, las estrellas son los embutidos, patés o foie-gras, quesos y mariscos.

Los embutidos son altos en grasa y emparejan bien con vinos de acidez alta porque limpian el paladar, es decir, lo preparan para el siguiente bocado. Pero no todos los embutidos tienen la misma intensidad. Un chorizo especiado o un jamón ibérico son embutidos, pero su degustación es totalmente diferente. Los vinos que maridan perfectamente con todo tipo de embutidos son el sauvignon blanc, el vouvray, el aligote (franceses), el pinot grigio (italiano), y el riesling (alemán) todos ellos son blancos sin fermentación en barrica y poca maduración de ahí su acidez alta. También es un buen momento para los blancos espumantes (de aguja), como nuestro delicioso cava y de la familia de los generosos como ejemplo un jerez (españoles), sobre todo la manzanilla de San Lucas de Barrameda o nuestros excelentes amontillados.

Para otro aperitivo graso como el foie-gras, escogeríamos un sauternes (vino dulce francés) o un vino dulce español, por ejemplo un Costa Diva, aunque también casa perfectamente con el riesling o el gewürztraminer que hemos mencionado antes. El juego de sabores en boca es extraordinario.

La frase ‘te la dan con queso’ procede de los malos mercaderes, hace unos cuantos siglos. Estos buscavidas vendían toneles de vino picado sin ningún rubor y para que la venta llegara a buen término ofrecían a sus pobres clientes un bocado de queso fuerte para esconder la mala calidad de su mercancía, ya que el sabor del queso ocultaba totalmente la calidad del mal vino.

Aquí os invitamos a hacer todo lo contrario. España es tierra de buen vino y buen queso, y vamos a esmerarnos para disfrutar de ambos al máximo en estas fiestas.

¿Qué vino combina mejor con cada queso?

De siempre, el queso y el vino tinto van de la mano, pero un maridaje entre queso y vino blanco, incluso vino dulce, también resulta equilibrado. ¿Vino dulce? Por supuesto, porque casan a la perfección con los gorgonzola, cabrales, roquefort y otros quesos azules. El contraste es sorprendente en cada bocado. A un brie o un camembert, quesos untuosos y suaves al paladar, los acompañaríamos con un vino blanco con un ligero paso por barrica. Los vinos espumosos son muy adecuados con cierto giro dulce; el champgane es perfecto. Estos vinos, con volumen, complejos y muy elegantes, podrían ser fácilmente confundidos con un tinto en una cata a ciegas.

Si preferimos un blanco más contundente e intenso, un buen cabernet sauvignon (los australianos sorprenden por sus notas a menta o eucalipto) o un syrah (un chileno o un sudafricano pueden ser una buena elección) acompañarán a la perfección con un queso intenso tipo cheddar, gruyère o appenzeller.

¿Y con el marisco?

Y como es Navidad no puede faltar la bandeja de marisco. Recomendamos escoger nuestro albariño gallego, por su abanico que va desde blancos secos y ácidos a otros untuosos y pasados por barrica. Un riesling alemán, igual que para el foie-gras, también es adecuado al ser más dulce y floral que otros blancos.

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