Si hay algo en lo que perros y gatos están de acuerdo es en jugar con el árbol de Navidad. Ponte en su lugar por un momento: luces irresistibles, bolas de colores, adornos con formas tan atractivas como sus juguetes… Es imposible ignorar tanta diversión.

Día 1, 4 de la tarde: La familia al completo monta el árbol y luego sale a merendar. El perro y el gato se quedan en casa.

Día 1, 8 de la tarde: La familia al completo recoge lo que queda del árbol de Navidad mientras el perro os mira con cara de no haber roto ni un adorno, aunque le delata algo de nieve artificial en el hocico. El gato os mira con displicencia, transmitiendo claramente que abeto adornado y él no son compatibles ¿o no lo sabíais?

Bueno, hay remedio para esto. Simplemente, debéis tener en cuenta algunos cambios en la tradición de siempre para que el peludo de la familia disfrute tanto como vosotros de estas fiestas sin castigarle sin chuches.

Os ofrecemos varias ideas que, a lo mejor, pasan a ser una tradición esta misma Navidad.

Si no montas el árbol de Navidad porque temes que tu gato le declare la guerra, tienes opciones -un poco locas- para disfrutar de las luces y bolas del abeto lejos de sus garras…

También puedes tratar de transmitir el espíritu navideño a tus perros (si se dejan) con simpáticos disfraces y adornos.

O, si colgar el árbol del techo te parece desmesurado, y disfrazar a tu perro sencillamente imposible, siempre puedes optar por una fórmula más sencilla: vinilos y decoración mural.

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